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De seis por seis

28/09/2008

 

La nueva adquisición, entre el despelote habitual de mi escritotio

La nueva adquisición, entre el despelote habitual de mi escritorio

Ultimamente me encuentro en estado de comprador compulsivo. Se me cruzan oportunidades de comprar leyendas y mitos de la historia fotográfica a cada paso. Ayer sucedió otra vez.

 

Una hermosa Super Ikonta 532/16 de preguerra, con un Tessar 80/2.8 me saltó desde la vera del camino, con una etiqueta de precio que si bien fue más alta que lo que hubiera pagado habitualmente, me la mostró en una luz de irresistibilidad absoluta. Pasó a formar parte del Arsenal.

Ya frente al primer examen sumario fue evidente que necesitaba un buen CLA, y el lente, el venerable y legendario triplete modificado de Zeiss, estaba totalmente sin brillo y con una pátina opalina que apalancó fuertemente la negociación en mi favor. Llegado a casa, lo primero que hice fue limpiarlo, para con un enorme alivio y placer de mi parte descubrir que se encontraba en casi perfectas condiciones, bajo una capa neblinosa de mugre depositada en las superficies anteriores y posteriores. Ya en un segundo momento me voy a dedicar a desarmarlo y limpiarlo como es debido. Tras probarlo en película, decidiré si es conveniente enviar a hacer una pulida de la superficie anterior del elemento frontal o no. Incluso he fantaseado con la idea de hacerle dar un tratamiento antirréflex.

 

Ilford, Zeiss, Rodinal.

Ilford, Zeiss, Rodinal.

 

 

Segundo chequeo, el obturador. El Compur Rapid no es de mis favoritos, sobre todo después de haber tenido muchas cámaras con Synchro Compur, pero debo confesar que los Rapid del Arsenal jamás fallaron, inclusive pese al abuso y el maltrato de usarlos sin siquiera una lubricadita. Todas las velocidades funcionan e inclusive parecen bastante correctas, dentro de lo que un oído experimentado puede comprobar sin recurrir a equipamiento de medición.

Tercer chequeo, y creí que de éste no pasaría con buenas calificaciones, el fuelle. En las plegables (“folders” en inglés), el fuelle es el proverbial Talón de Aquiles: el tiempo suele dejar huella de su paso ajando los pliegues y royendo las esquinas, provocando entradas de luz que convierten en catastrófica la experiencia de usuario. Con un pequeño flash, me encerré en el baño de noche (la ventana no tiene persiana, sólo vidrio esmerilado y cortina) y disparándolo desde el interior de la cámara de película comprobé sólo una esquina problemática, y no en demasía. Un poco de gaffers tape aplicado estratégicamente alcanzará para devolver la estanqueidad a la luz necesaria.

Por último, coloqué un despulido en el plano película y con la cámara en un trípode me cercioré de la calibración del telémetro. Para mi enorme sorpresa y en contra de todo pronóstico, telémetro, escala de distancias y foco coinciden hasta donde pude controlar. Muy contento con los resultados del chequeo del funcionamiento básico.

Dentro de todo, puedo decir que por el precio pagado, lo que se le tiene que hacer a la cámara no es demasiado, y nada de ello grave. Limpieza, Lubricación, Ajuste y cargar un rollo de película.

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