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Una réflex. Y bué…

14/10/2008

Quejas de un inactual acerca de una réflex

En fin. Por más que nos pese, y por más intentos que Leitz pusiera con sus Visoflex en ese sentido, cuando se necesita una réflex, no hay otra: se necesita una réflex. Sin alternativas, sin escapatorias. Los dos casos puntuales más evidentes y obvios son:

  • para hacer macro
  • para usar teles largos.

Lo segundo no es, de momento, una opción para mí. No puedo (no soy capaz de) fotografiar algo en lo que no esté metido en el medio, y ésa es la razón por la que un angular es siempre mi primera elección: me da culpa usar un tele, por el simple hecho que siento siempre que me van a tomar por un voyeur.

Bueno, en definitiva: tuve una Canon 5d para jugar unos días. Un amigo me prestó un Canon EF 28/1.8 USM, lente que nunca antes había probado, y partí hacia el Hospital, como para ver qué diferencias podía encontrar en el uso entre esta réflex mediana y mi equipo habitual. 

Las siguientes consideraciones deben ser tomadas estrictamente como un intento de autoconvencimiento acerca de los por qués no debo quedarme con esta cámara y proceder inmediatamente a su venta.

Primera consideración: lo de mediana, como toda cuestión de tamaño, es algo relativo. El tamaño no es mediano en el sentido de una VD, como podrían considerarse medianas una Bessa R2 o una Fuji de formato medio, por ejemplo. En las manos, y en comparación con mi equipo habitual, esta Canon es enorme. Enorme y pesada. El balance en las manos no llega a ser del todo malo. Con ese lente fijo, el grip de la cámara alcanza y sobra, aunque con el grip accesorio (el BG-E4) la parte inferior de la palma de la mano participa activamente para mantener fija la máquina. Ya estoy desacostumbrado al uso de un zoom, pero me imagino que con un 24-105/4L o con un 24-70/2.8L el peso y el tamaño deben ser, por lo menos, interesantes.

Segunda consideración: la posición del visor. Está en el medio y arriba de la cámara, Obvio, es un pentaprisma, estúpido, los escucho decir. Sin embargo, es raro. Se que es algo normal en casi todas las réflex (una excepción eran las Olympus E300/E330 y Panasonic/Leica L1/Digilux 3), pero esa posición en realidad trae aparejadas algunas consecuencias que la diferencian netamente  de una VD:

  1. Uno se la pasa refregando la nariz sobre el LCD posterior, engrasándolo permanentemente (depende del clima y de la carga sebácea de cada uno), corriendo el protector autoadhesivo y, claro, aplastándose también la nariz con la cámara
  2. Al principio, la posición no es natural (es decir, es completamente desacostumbrada), y uno tiene que andar buscando el visor y la posición óptima para mirar a través de él
  3. La cámara tapa virtualmente toda la cara, haciendo que el fotografiado pierda contacto visual con el fotógrafo (en este caso tal vez sea lo contrario, y sea yo quien pierde contacto con el fotografiado), y por lo tanto toma una expresión de desconcierto, sorpresa, y de no tener ni idea de adónde mirar. ¿Al lente? ¿a la cámara en general? ¿al pentaprisma en particular? ¿al lugar donde estaría el ojo del fotógrafo? El fotógrafo se convierte en un ser con patas y un cañón impersonal con el que apunta a un sujeto indefenso.
Tercera consideración: Uno ve lo que ve la cámara. O mejor: uno ve lo que quiere la cámara. El resto del mundo alrededor de lo que ve la cámara desaparece, uno se mete adentro de un animal con visión propia y diferente a la humana: diferente campo visual, diferente perspectiva, diferente punto de enfoque, diferente desenfoque.
Tal como en la película ¿Quieres Ser John Malkovich?, se entra en un túnel a cuyo fondo hay una ventanuca desde la que se ve lo que otro está mirando. Y ésa es una de las claves: uno ve adentro de la cámara lo que otro (la cámara) está mirando.
Cada vez que uno mira a través de una réflex se obra un inconciente ejercicio en el que el fotógrafo asume que lo que la cámara ve va a ser su propia visión, y trata de mirar por ese túnel de la manera que miraría si no estuviera adentro de él.
¿Suena difícil? Pues no lo es. El resumen a destilar sería que mientras que una VD tiende a desaparecer entre el fotógrafo y el/lo fotografiado, con una réflex el que tiende a la desaparición es el fotógrafo.
Y el fenómeno se agudiza aún más en el uso de un zoom. De hecho, el fotógrafo agarra, se mete en el visor/teatrito de la réflex y acciona el zoom “a ver qué ve” a través de él. La previsualización en este caso no es abstracta y previa a la foto, sino que deriva de un largo aprendizaje de la manera en la que ve la cámara. Se trata de una previsión y no de una previsualización. El fotógrafo prevee cómo va a ver la cámara con determinado zoom, se sitúa y posiciona, acciona el zoom buscando el encuadre más parecido a lo que necesita/quiere/conviene fotografiar y luego toma la foto.
No me cabe duda que tras un período de adaptación uno puede habituarse a esta situación y curso de acción, pero casi seguramente a costa de un proceso de extrañamiento del momento y del entorno que no se si me gusta para mi fotografía.
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